Robledo Puch está preso en la cárcel de Sierra Chica desde hace 46 años

Carlos Eduardo Robledo Puch se enteró de que los hermanos Sebastián y Luis Ortega iban a llevar su historia al cine el día que Leonardo Mercado, otro preso detenido en Sierra Chica, le llevó un recorte del diario El Popular de Olavarría.

Allí podía verse a Luis Ortega con una foto del llamado "Ángel Negro" que en 1972 mató a 11 personas. Lo único que hizo fue enviar una carta para que los nombres de sus padres no salieran en la película, lo que fue concedido.

En su imaginario, Robledo soñaba con ser interpretado por Leonardo Di Caprio y dirigido por Martin Scorsese. Se imaginaba vestido de esmoquin en la entrega de los Oscar y hasta se proponía como actor doble de riesgo.

—Nadie más que yo es capaz de hacer todo lo que yo hice.

Su delirante plan iba mucho más allá: otra de las condiciones era que él debía escribir el guión en la máquina Olivetti que tiene en su celda y lograr la libertad para poder ir a la entrega de los premios más importantes del cine.

Pasaron diez años de ese deseo. Y la película de Robledo Puch es un hecho: sin Di Caprio ni Scorsese, y mucho menos el asesino entre el equipo. Pero nada de eso evitó que el viernes pasado, la película El Ángel, dirigida por Luis Ortega, fuera ovacionada por los asistentes al estreno mundial en el cine Marches de Bussy, en el Festival de Cannes, el mundial de cine.

La película “El Ángel” fue ovacionada en Cannes

La película argentina compite en Un certain regard. En Cannes hay una especie de curiosidad por la leyenda negra de Robledo Puch. El joven actor Lorenzo Ferro brilla en la pantalla y parece una reproducción mejorada del asesino de cabello enrulado que mataba por la espalda. El elenco lo completan el Chino Darín, Cecilia Roth, Mercedes Morán, Daniel Fanego y Peter Lanzani.

La presentación del film estuvo a cargo de Pedro Almodóvar, uno de los productores de la película. "Carlitos no es un asesino como cualquier otro. Parece único en su especie. Es un psicópata emocional", declaró.

Al terminar la función, Ortega y Ferro fueron rodeados y hasta firmaron autógrafos a los asistentes franceses. Hasta el director del Festival, Thierry Frémaux, broméo al ver a Ferro: se cubrió la cara y se tiró hacia atrás, como si el joven actor estuviera en la piel del personaje y fuera a matarlo.

En las sobremesas de las cenas de la delegación argentina que representó la película, a las que se sumó Ricardo Darín, Robledo era tema de debate. Es más: un productor francés dijo que le iba a enviar la película a Martin Scorsese, que se había ido un día antes de Cannes.

Pedro Almódovar presentó el film de Luis Ortega en el festival

A Robledo Puch no le gusta el cine de Almodóvar. "Hay muchos invertidos. No son gente decente. A los travestis habría que ponerlos por el paredón. Y a los gays no se les debería permitir tocar ni una virgen o una cruz", dijo hace unos años.

Ortega aclaró en todo momento que la película está inspirada libremente en los hechos reales. No es la vida de Robledo Puch: quizá en la pantalla se vea más ficción que realidad.

A Robledo, que lleva 46 años preso, le fascina el cine. A veces solía mirar cuatro películas por día. Le gustaban las de acción. Había visto varias veces Cabo de miedo, la película en la que Robert De Niro interpreta a un convicto que sale de la cárcel para vengarse de su abogado. Robledo estaba obsesionado con la escena en la que la hija del abogado le tira bencina al presidiario (que fuma un habano) cuando la acecha en un barco. En llamas, el delincuente se tira al río.

En una carta que me envió hace diez años, escribió: "Luego sube al barco. Las quemaduras no habían afectado sus facciones. Recordé cuando dijeron que quemé la cara de mi amigo Somoza con un pico cortador. Eso es imposible. De haber sido así, no quedarían los huesos de una persona y el hedor sería insoportable. Hay otra escena de la película que me impactó. Cuando De Niro está en el auto le recuerda al abogado el versículo Gálatas 3, que dice: '¿Tantas cosas habeís padecido en vano? ¡Si es que realmente fue en vano!'. En mi caso, todo fue en vano".

No era la única historia que lo había impresionado. Una vez, me llamó por teléfono para contarme que había llorado viendo una película que se parecía a su historia. Se llamaba El crimen del siglo y estaba basada en el secuestro y crimen del bebé de Charles Lindbergh, el primer piloto de avión en cruzar el Océano Atlántico en solitario en 1927.

Realizó esa proeza con solo 25 años. La Policía detuvo al carpintero Bruno Richard Hauptmann, un inmigrante alemán que vivía en los Estados Unidos. Robledo se sentía identificado con ese caso porque Hauptmann siempre se consideró inocente, fue torturado y le encontraron en su casa dinero que supuestamente escondía. En 1936 fue ejecutado en la silla eléctrica.

Lorenzo Ferro en la piel de Robledo Puch

Como dije: sabía de su gusto por el cine, pero nunca me hubiese imaginado que esa mañana me iba a proponer algo insólito:

—Como lo mío es cosa juzgada, mi verdad deberá salir a la luz en una película. Y quiero que me ayudes a lograr este sueño.

—Muy bien. ¿Y quién escribirá el guión?

—¡¿Me estás tomando el pelo?! Lo voy a escribir yo con las fotocopias de los expedientes de mi caso. Y le agregaré lo que recuerde, que es casi todo. Después le vamos a vender la historia a un director de cine. Soy adicto a la butaca desde chico. Para mí el verdadero realizador de una película es el que escribe el guión. Y el mérito que tiene un buen director del séptimo arte es saber "amalgamar" ese guión, conducir a los actores en sus interpretaciones y en la más adecuada caracterización de los personajes. A mí me gustaría actuar en la película. Es decir, hacer de yo mismo. Ya lo hice en las reconstrucciones.

—¿Te hubiese gustado ser actor?

—Te voy a contar algo que nunca dije. Cuando era adolescente estudié teatro en la Municipalidad de Vicente López, en Olivos. Ya se lo he dicho a los peritos que me analizaron. Podría ganar millones trabajando como doble de riesgo. Sería capaz de actuar en las escenas peligrosas, no sé cuántos actores famosos podrían hacerlo. Y donaría parte de mi caché a los niños enfermos y desnutridos.

Los medios lo llamaron el “Ángel Negro”

Después de decir eso, Robledo corrió y se tiró al piso. Dio una vuelta y quedó boca abajo. Hace como que dispara un arma. Se oculta atrás de la mesa.

—¿Viste? Eso no lo puede hacer cualquiera —me dijo—. Yo podría generar millones de dólares filmando películas. Y siempre he pensado en hacerlo en Estados Unidos, donde el cine es cine y la gente y los empresarios son gente honesta. Estoy perfectamente capacitado para realizar cualquier cosa que un director me pida. Tendría un estilo similar al de dos compatriotas que triunfan en Hollywood: Viggo Mortensen y Lorenzo Lamas.

Hubo varios proyectos truncos que buscaron llevar al cine los crímenes de Robledo. En 1987, el cineasta Juan Carlos Desanzo y el guionista Eduardo Mignona visitaron a Robledo en la cárcel. Le ofrecieron firmar un contrato para obtener sus derechos cinematográficos. Querían filmar su historia. Desanzo me contó que Robledo les había pedido 30 mil dólares porque quería ser dueño de una empresa de transporte de cargas. Estaba dispuesto a firmar contrato si en la película no aparecía como un asesino. No hubo acuerdo.

Robledo Puch en la cárcel de Sierra Chica (Foto: Diego Sandstede, Editorial Random House Mondadori)

El escritor y periodista José Pablo Feinmann escribió un guión para otra película que se iba a hacer sobre Robledo. Se iba a llamar "La compulsión de matar". Pero nunca se filmó. El ciclo televisivo "Sin condena", que dirigía Rodolfo Ledo y ficcionalizaba casos reales, contó la historia del "Ángel Negro". Lo mostraba sobrenatural.

Robledo impulsó su propio proyecto. Pero lo quería hacer con otros directores.

—Mi candidato número uno es Steven Spielberg. También me gustan otros great directors como Quentin Tarantino y Martin Scorsese. Cualquiera de ellos se sacará la lotería conmigo: le daré mi historia, la escribiré y la actuaré yo. ¡Ah! Recién me acabo de acordar de que Francis Ford Coppola está filmando en Buenos Aires. Ni bien salgas de acá, llamalo y presentale todo el proyecto. Después me contás por carta.

Hasta ese momento había contenido la risa, pero cuando me pidió que llamara al director de El Padrino, largué una carcajada. Robledo me fulminó con la mirada.

—¿De qué carajo te reís?

—Carlos, creo que todo esto es un delirio. ¿No te conviene primero conseguir alojamiento o vender la casa de tu madre?

—¡No entendés nada! —gritó Robledo mientras golpeaba la mesa con fuerza.

Puch cuando fue detenido: tenía 19 años y a todas sus víctimas las había asesinado por la espalda o mientras dormían (Diario Crónica)

Preferí volver a su delirio, al menos para tranquilizarlo. Le pregunté qué actor podía interpretar su papel.

—En el caso de que no pueda actuar, tengo un ranking de actores que podrían encarnarme. Se los voy a sugerir a Spielberg, Tarantino o al director que sea. El primero: el actor de la película La supremacía Bourne. El tipo escapa de la CIA. Este… ¿cómo se llama?

—¿Matt Damon? —le pregunté.

—Sí, ese. En mi vida hay visos de esa película y de ese personaje. La segunda opción es Leonardo Di Caprio, por el cual me decidí después de ver El aviador, film que vi tres veces en TNT Channel. Mejor dicho, The Aviator. Desde ahora acostumbrémonos a hablar en inglés. Di Caprio es parecido a mí. Obvio, cuando yo era jovencito.

—¿El tercero en el ranking quién es?

—El irlandés Colin Farell también me gusta mucho. No vi la película Tigerland, pero sí me convenció su papel en Código de honor o Cuestión de honor, que no estoy seguro en este momento, en la que también trabajó Bruce Willis.

—¿La historia se filmaría en la Argentina?

—No sé. Si fuera necesario, también estaría dispuesto a trasladarme yo mismo hacia los Estados Unidos y realizar todo allá.

—¿Sabés hablar inglés?

—¡Of course! Pero reconozco: así como estoy apto para leer inglés americano y entender perfectamente a quien me escriba desde los Estados Unidos tengo problemas para escribirlo. Aunque en USA (iu-es-ei, como me gusta llamarlo y como lo llaman ellos mismos) hay barrios latinos. Soy una persona autodidacta. Si me fuera a vivir a Japón, hablaría japonés. Si fuera a Grecia, hablaría griego.

—¿Si no te dan la libertad no habrá película?

—Los mismos productores de Hollywood deberían negociar mi inmediata libertad, que es lo que a mí me interesa, en definitiva. Eso ellos lo arreglan de palabra. Como también se puede negociar que para el día del estreno yo esté en la sala. Vestido con esmoquin. Como debe ser.

No volví a hablar con Robledo Puch. Lo último que supe de él es lo que le dijo al ex ladrón de bancos Julián Zalloechevarría cuando se lo cruzó en el sector sanidad de la cárcel de Sierra Chica. Zalloechevarría le preguntó por mí. Robledo puso cara de rabia y le dijo:

—Mandale a decir a eso que cuando salga le voy a meter tres cuetazos en la nuca.

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